#LaCalleNoEsUnHogar

La calle no puede ser el hogar de nadie

Cada noche, muchas personas duermen en la calle, en espacios públicos que no son casa de nadie. Tener que vivir a la intemperie es un sobreesfuerzo constante para las personas. No descansan bien, están expuestas a violencia, empeoran su estado de salud…

Tener un hogar donde vivir y sentirse protegida es el primer paso para recuperarse de la vida en la calle y empezar a transformar esta situación. En Arrels lo tenemos claro, pero solo lo podemos hacer posible con tu apoyo.

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Un hogar es el primer paso para empezar de nuevo

Cada año, en Arrels acompañamos a más de 3.000 personas sin hogar: las visitamos allí donde viven, ofrecemos servicios básicos, garantizamos alojamiento a quien más lo necesita y, sobre todo, estamos a su lado.

Tener un hogar es el primer paso para recuperarse de la vida en la calle: permite descansar, recuperar la intimidad, cuidarse y rehacer vínculos. Por eso, cuando una persona accede a una vivienda después de años en la calle, la acompañamos de manera constante y respetando sus ritmos.

Hace diez años que apostamos por el modelo Housing First, que prioriza que personas que viven en la calle puedan acceder directamente a un alojamiento estable, con apoyo permanente. En todo este tiempo, hemos garantizado alojamiento y apoyo social a más de 330 personas, un hito colectivo que ha sido posible gracias al apoyo de personas como tú.

Colabora para garantizar un hogar a más personas.

La importancia de tener un hogar

"En la calle no puedes dormir"

Cuando Rafa tenía 25 años se separó y perdió el trabajo. Esta situación lo llevó a vivir a la intemperie, donde estuvo más de diez años.

Ahora hace tiempo que Rafa tiene su hogar, pero aún recuerda la inseguridad y la intranquilidad de pasar la noche al raso. “En la calle no puedes dormir, estás con un ojo abierto y el otro cercado, porque nunca sabes qué puede pasar”.


"Me encuentro mucho mejor"

Beniam huyo de un conflicto bélico en su país y llegó al Estado español como refugiado político.

Mientras se tramitaba su petición de asilo, tuvo que vivir en la calle. Estaba enfermo y, cada vez que salía del hospital, no tenía ninguno otro lugar al que volver que no fuera la intemperie.

En Arrels le pudimos ofrecer un espacio donde dormir y, con el tiempo, ha podido acceder a un hogar estable. “Aquí sí que puedo dormir bien y descansar. He notado mucho la diferencia; me encuentro mucho mejor”, explica.