“En el Piso Cero somos nososotros los que nos adaptamos a la situación de las personas, no ellas al recurso”


El Piso Cero es un alojamiento nocturno que nació hace cinco años para dar respuesta sobre todo a personas que viven desde hace tiempo en la calle y encuentran respuesta en otros recursos. Cuenta con diez plazas que en estos cinco años han ofrecido protección a 118 personas. Entrevistamos a Javier Martín, educador que trabaja en el Piso Cero desde que abrió sus puertas y que nos explica el proyecto en profundidad.

El 80% de las personas que durante estos cinco años han pasado por el Piso Cero ahora viven en alojamientos individuales o compartidos o han encontrado una plaza estable en otros recursos. Son datos que hablan de la importancia del modelo de baja exigencia con el que trabajamos en el Piso Cero y que implica que la atención social se adapta a la realidad de las personas que se alojan. Por ejemplo, se puede entrar con animales, se permite el consumo de alcohol de manera pautada y no hay un tiempo de estancia máximo.

Desde Arrels, creemos que debería haber más Pisos Cero para garantizar a las personas no tener que dormir al raso. De hecho, el Parlament catalán está trebajando una proposición de ley para hacer frente al sinhogarismo y, entre las medidas que contempla, hay la creación de espacios colectivos de baja exigencia donde poder pasar la noche de manera segura.

Acompañamos desde la baja exigencia. ¿Qué implica este modelo?
La baja exigencia del Piso Cero permite poner a las personas en el centro del acompañamiento para que sean las protagonistas de su propio proceso de transformación. Que puedan expresarse como son, y poco a poco, entiendan que aquí las acompañamos, miramos y entendemos.
Implica que nosotros nos adaptamos a la situación de las personas, no ellas al recurso. Esta es la cuestión del Piso Cero: es necesario un espacio de baja exigencia para acompañar a las personas que se encuentran en esta situación cronificada, para estar a su lado, ni arriba ni abajo, sino a su lado.
La baja exigencia también tiene que ver con una flexibilidad en la adaptación, sostener los tiempos que necesita cada persona. Es necesaria también porque muchas de las personas que llegan vienen con su animal de compañía, que a veces es la única familia que tienen, que conservan, que los acompañan. Acompañamos personas que a veces lo han perdido todo, incluso la dignidad. Por ejemplo, durante una temporada acogimos una familia formada por una pareja adulta, sus tres perros y un gato.

También trabajamos con una perspectiva de reducción de daños. ¿Qué significa?
Nosotros acompañamos a personas que tienen muchas ‘interferencias’, como pueden ser algunas adicciones. Nuestra respuesta es siempre intentar hacer una reducción de daños porque la persona mejore su salud. Por ejemplo, le pedimos que nos deje el alcohol cuando entra en el piso. Intentamos pactar y suministrarlo nosotros según las necesidades de la persona y evitar que sufra un síndrome de abstinencia.
Se trabaja muy lentamente, con paciencia y cuidado, cuando la persona entra no le exigimos porque necesita un proceso de adaptación. Con el paso del tiempo, cuando el vínculo se va consolidando, empezamos a explicarle que nos tendría que dejar su alcohol, que nosotros le administraremos de manera segura y respetando su decisión. Con este proceso vemos que la persona confía en nosotros y cuando necesita consumir y lo pide, se lo suministramos. Nosotros siempre decimos que hay un primer mes de adaptación. El primer mes no le pedimos el alcohol, no la presionamos, entendemos que necesita un tiempo, saber quién somos, en qué espacio está, qué compañeros y compañeras tiene, cómo funciona el Piso Cero.

Comentas que hay casuísticas, como la del consumo de alcohol, que se deben tener en cuenta para atender a las personas. ¿Qué otros factores se deben valorar?
Otro tema relevante sería la salud mental. Por eso también necesitamos la baja exigencia, porque a veces hay casos con una patología dual: salud mental y adicciones. Para poder acompañar a las personas con un trastorno de salud mental, necesitamos un espacio donde se las entienda, que haya una comprensión de lo que puede estar pasando esta persona, lo que piensa y siente, es decir, tener presente su totalidad. A veces ha habido situaciones difíciles porque el espacio es diáfano, hay diez personas en un mismo lugar y en alguna ocasión se han dado situaciones conflictivas. Cuando una persona con problemas de salud mental se ha descompensado, ha sido difícil la contención en el espacio, que la persona entienda que es un espacio compartido donde se tiene que respetar la convivencia.

Un acompañamiento integral

¿En qué consiste el acompañamiento integral?
Es una red que facilita Arrels y que hace que la persona esté acompañada en todas las esferas de su vida como la vivienda, la salud, la higiene, la alimentación, la empleabilidad, y sobre todo la relacional. En el Piso Cero se genera un espacio próximo, donde hay respeto y dignidad, pero el acompañamiento no acaba aquí; el Piso Cero es una pieza más del engranaje. A veces, a las 8 de la mañana el educador/a viene a buscar a la persona para tomar un café, acompañarla al médico o hacer alguna gestión. Después la persona puede ir al centro abierto, al taller ocupacional, a la residencia de Arrels o ser acompañada por otros equipos educativos; es decir, un itinerario para que la persona pueda cubrir sus necesidades y prioridades; esto es el acompañamiento integral.
En este acompañamiento también es muy importante el papel del equipo de voluntariado, que hace una tarea imprescindible para la recuperación de la persona; son personas con profesiones y edades diversas. Es muy curioso porque en el piso, a veces se da un espacio de mucha conversación y ambiente distendido, y otros, están en silencio porque las personas quieren dormir, porque han tenido un día duro y no tienen ganas de hablar. El equipo de voluntariado tiene mucho de poder y sin su presencia y perseverancia el piso no funcionaría.

¿Qué proyección crees que hacen las personas que vienen al Pis Cero?
Cada persona tiene sus circunstancias y su historia es singular y no se repite. Muchas de las personas que han pasado por el Piso Cero después han tenido la oportunidad de entrar en un piso individual o compartido, en nuestra la residencia Pere Barnés u otros espacios y han podido cambiar su situación de calle. El Piso Cero no es de estancia limitada, lo importante es el recorrido y que la persona pueda transformar su realidad y mejorar su calidad de vida de la forma más autónoma posible.

¿Cómo crees que un recurso como el Piso Cero complementa el modelo Housing First?
Las personas que llegan al Piso Cero se encuentran en una situación muy cronificada, y muchas veces no piden nada y no quieren nada. Nuestro equipo de calle las acompaña durante mucho de tiempo y escucha sus necesidades. Es cierto que muchas de las personas en esta situación, tan anclada en el tiempo, no se ven con el coraje y las ganas de entrar directamente en una vivienda que proporciona el modelo Housing First. Este modelo facilita un hogar individual, permanente y con apoyo profesional.
Según nuestra experiencia, hay personas que se resisten a acceder y sostener un hogar. El Piso Cero ha hecho de trampolín para que la persona retome los hábitos que había perdido. Para que tenga un espacio para reencontrarse ella misma, para recordar que es una persona con derechos, para reconstruir su autoestima y para que renazca la persona que un día había sido y que las diversas circunstancias de su vida habían borrado. Por ejemplo, algunas de las personas que han venido al piso querían dormir a la terraza, no podían estar sobre una cama, ni junto a la calefacción y ni en la oscuridad que proporciona un hogar durante la noche. El Piso Cero siempre busca la manera para que la persona tenga la oportunidad de volver a quererse.
Aun así, en nuestra ciudad se necesitan muchos pisos del modelo Housing First para erradicar el sinhogarismo.

¿Qué ha implicado para ti el Piso Cero?
Para mí, el Piso Cero ha implicado toda una experiencia increíble, muy fuerte, porque realmente estamos al lado de personas que lo han perdido todo y con historias de vida muy duras. La palabra dignidad se dice muy deprisa pero tiene mucho peso, es muy importante.
Es un aprendizaje continuo y también a veces una despedida continua, porque muchas de las personas en esta situación mueren muy pronto (hasta 27 años antes que el resto de ciudadanía de Barcelona).
Hace poco precisamente se ha ido Ramonet, una de las personas que aportaba mucha alegría en el piso y que compartía con nosotros sus historias de juventud, sus anécdotas y su gran historia de amor por su mujer. Recuerdo también a Neil McQueen, a Josefa, a Ramón, a Karim y a muchas personas que han compartido con nosotros una etapa de su vida. Por otro lado, sabes que ya descansan en paz, que son libres por fin y que no sufrirán nunca más en la calle. Esta es una de las cosas que tiene este trabajo, que acompañamos a personas con una salud muy frágil. Se van de un día para el otro, sin avisar, sin que podamos decir adiós; y esto hace daño.

Y, en general, ¿qué valoración haces del proyecto?
Como profesional, considero que necesitamos muchos más Pisos Cero para luchar contra la problemática. Para acompañar a las personas en esta situación se necesita un espacio de baja exigencia, un espacio con mucha flexibilidad, con mucho respeto, para acompañar a las personas según sus necesidades y prioridades. El Piso Cero es un espacio distintivo, donde el acompañamiento es muy personal, preciso y continuo. Tenemos experiencia y vemos que no funciona el acompañamiento si no hay un seguimiento integral que pueda cubrir los diferentes ámbitos de la persona y se acomode a ella.

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