Un año más, llega el invierno y mucha gente dormirá en la calle. El frío nos ayuda a empatizar con lo que van a sufrir las personas que duermen al raso porque, ciertamente, cuando baja la temperatura, dormir en la calle es muy duro. Pero también lo es cuando hace mucho calor y, sobre todo, cuando llueve. Vivir en la calle es demasiado duro siempre, aunque en diferentes ciudades aún se planifican operaciones de emergencia según la temperatura, cuando la emergencia no debería depender del termómetro sino, precisamente, del mismo hecho de tener que dormir al raso.

Es indiscutible que la solución para una persona que duerme en la calle pasa por la vivienda y que una persona vive en la calle porque no tiene un lugar donde ir. Esta realidad aún debe romper algunos prejuicios como, por ejemplo, que las personas viven en la calle porque quieren o que se resisten a aceptar ayuda. Prejuicios que, en cierto modo, explican que no sea un escándalo la situación en la que malviven estas personas.

Cuando vives en la calle necesitas la garantía de que saldrás de ella de manera permanente. A partir de aquí no todo será sencillo pero tener una vivienda es el punto de partida para tener una base sólida y aprovechar otras oportunidades que mejoren tu vida. El miedo a dar el paso, a acceder a un recurso y luego tener que volver a vivir en la calle es, seguramente, uno de los factores que más paraliza a las personas para dar el paso.

La gran mayoría de personas necesitan un piso para dejar de vivir la calle. Las fórmulas en forma de albergue masivo y temporal sólo sirven de esperanza poco duradera para personas que hace poco que viven en la calle o que han conseguido gestionar las dificultades que supone estar en este tipo de recursos.

Hay personas que acceden a una vivienda permanente y que no necesitan nada más para salir adelante. Hay otras que necesitan un apoyo intensivo para recuperar habilidades, hábitos y autonomía que la vida en la calle les ha hecho olvidar. En algunos casos, la vida en la calle ha generado en la persona una situación muy difícil de revertir y eso nos reafirma: deberíamos hacer posible que la persona tenga un lugar donde ir desde el primer día en que llega a vivir en la calle.

Hace dos años, en Arrels habilitamos un espacio de baja exigencia destinado a personas que todavía tienen que superar algunos de los miedos que supone acceder a una vivienda después de vivir en la calle. Este espacio sólo pide a la persona mantener una buena convivencia con el resto de compañeros y compañeras. Pueden llevar animales y beber alcohol, pueden llegar a la hora que consideren y marcharse cuando quieran. Es un espacio adaptado a las necesidades de la persona y en estos dos años hemos visto que es muy aceptado por personas que, hasta ahora, decíamos que no querían nada.

La solución para evitar que haya gente durmiendo en la calle es la vivienda, no hay ninguna duda, pero en la actualidad tenemos que hacer frente a la poca disponibilidad de vivienda. ¿Qué hacemos mientras tanto? ¿Esperar y no hacer nada? ¿Y si abrimos espacios de baja exigencia, distribuidos por la ciudad y adaptados a diferentes necesidades para las personas que duermen en la calle?

Artículo de opinión de Ferran Busquets, director de Arrels, en el marco de la jornada ‘Si la vivienda es un derecho, ¿por qué hay personas sin hogar?’, organizada por Social.cat.

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