“Intentamos crear una relación de confianza a partir del día a día”


Oriol Admetlla y Cristina Barellas son voluntarios en Arrels y, cada semana, visitan a personas que han vivido en la calle y que vuelven a vivir en un piso. Hemos hablado con ellos sobre cómo se crean los vínculos, las necesidades de acompañamiento a pesar de tener un hogar, el cambio de mirada y todo lo que aporta el voluntariado.

Cuando una persona deja de vivir en la calle y empieza a vivir en un piso mejora su situación, pero también aparecen otros retos importantes: adaptarse a un nuevo espacio, cuidarse, ir al médico, hacer muchos trámites, afrontar la soledad… El año pasado, desde Arrels garantizamos el alojamiento a 268 personas, la mayoría en pisos individuales o compartidos. A todas estas personas las acompañamos en el día a día a través de un equipo de trabajadores y trabajadoras y con la implicación de personas voluntarias. Para saber más sobre este acompañamiento desde la perspectiva de las personas voluntarias, hemos hablado con Cristina Barellas y Oriol Admetlla.

 

¿Cómo empezó vuestro voluntariado?
Oriol: Lo inicié durante la pandemia, cuando empezamos a poder salir a la calle. Yo soy socio de Arrels desde hace años y pensé al vincularme más. Me propusieron incorporarme al equipo de Apoyo a la Persona, visitando a personas que ya viven en un piso, pero antes colaboré unos días en el centro abierto, para introducirme, y ahora compatibilizo las dos cosas.
Cristina: En mi caso, me incorporé hace unos 5 o 6 años; quería hacer un voluntariado y pensé que podía ser más útil acompañando a personas adultas. Empecé a visitar semanalmente a personas que ya vivían en un piso; en la actualidad, visito a unas cuatro o cinco. La idea es que no sean muchas porque es una manera de verlas más a menudo.

 

¿Cómo se establece el vínculo y la aproximación a la persona?
Cristina: Hay que huir del paternalismo, saber que aquella tarde compartirás un rato en casa de una persona, tomando un café en un bar, paseando… La aproximación empieza hablando de temas más generales como la política o el fútbol, dejando que ellas me expliquen y explicando yo cosas mías. Con las personas que visito cada semana se ha creado no solo un vínculo, sino una amistad.
Oriol: La construcción del vínculo es diferente en mi voluntariado en el centro abierto, al que vienen personas que viven en la calle y que buscan descansar o utilizar los servicios básicos, y en mi voluntariado visitando a personas que ya viven en un alojamiento. Las visitas en su casa las empecé con vértigo porque cuando vas a casa de alguien estás allá y espera que le hables y le expliques cosas. Dar conversación y escuchar no es fácil. Vas conociendo qué le interesa a la persona, qué cosas puedes hacer con ella… En ningún momento he preguntado por qué han llegado a esta situación, por qué empezaron a vivir en la calle. Intentas establecer una relación de confianza a partir del día a día.

 

¿Se trata también de saber que cada persona es diferente?
Oriol: Los vínculos y las relaciones son diferentes porque cada persona, como nosotros, tiene una personalidad. Comparten una problemática común, que es haber vivido en la calle, pero piden que las trates de manera diferente. Con Youssef, por ejemplo, nos conocemos desde hace dos años, hemos creado complicidades y me avisa cuando no tiene ganas de hablar porque se siente triste o solo. Rosario, a quien hace menos que la conozco, pide que le explique cosas y que no tengamos silencios. Los silencios con una persona pueden tener un sentido y con otras otro. Poco a poco aprendes a interpretarlos. Y eso ayuda a la construcción de vínculos.

 

¿Qué consideráis básico para la construcción de este vínculo?
Cristina: La repetición. No hacer algo extraordinario sino la repetición, el hecho de estar. Hacer una visita y, dos semanas después, volver, y dos semanas más tarde, ir de nuevo. Esto hace que la persona se vaya abriendo. Yo, al iniciar mi voluntariado, me preguntaba por qué no visitábamos a más personas cada voluntario; y lo he entendido. También genera vínculo acompañarlas a comprar cosas que necesitan, como unos zapatos o un jersey, porque quizás no se sienten cómodas yendo solas.
Oriol: Dar importancia a lo que explica la persona, respetar lo que dice, respetar el espacio físico para no generar malestar. Esto también ayuda a la generación de vínculo.

 

Desde vuestra experiencia, ¿creéis que el hecho de tener un lugar estable donde vivir cambia mucho la situación de la persona?
Cristina: En un 200%. La vivienda es un punto de partida. Si vives en la calle es muy difícil recuperarte de aquello que te ha llevado a vivir en la calle, estás en una marginalidad y no puedes cuidarte. Un alojamiento adecuado es el primer paso para recuperar una calidad de vida básica.

 

Relaciones de largo recorrido

¿Qué pensáis que aporta vuestra implicación voluntaria?
Cristina: El trabajo del equipo profesional es indispensable y la aportación de los voluntarios y voluntarias es imprescindible; somos un tándem. A mí, como voluntaria, las personas a las que visito me esperan para compartir la tarde, explicarnos cosas mutuamente. Creo que aportamos una relación equilibrada. También me ha aportado, personalmente, romper estereotipos.
Oriol: La gracia es que las personas vean a personas –trabajadoras y voluntarias- con roles diferentes. No me ven como a una persona que les tiene que resolver temas ni como alguien que le dice que tiene que hacer un trámite. Además, el voluntariado ha influido en mi mirada hacia las personas sin hogar. ¿Tendría sentido que venga cada semana durante dos años y que en dos años ninguna situación me haya afectado? No, y ahora miro las cosas diferentes.

 

Desde vuestra experiencia, ¿creéis que la ciudadanía que no está implicada como voluntaria puede también relacionarse y hacer cosas por las personas que viven en la calle?
Oriol: Cada día, cuando subo la persiana, veo a un hombre que duerme en la calle justo delante de mi casa. Durante un tiempo no le dije, pero después lo he ido saludando y veo que otros vecinos y vecinas le llevan la cena, charlan. Tengo amigos que me preguntan qué pueden hacer con una persona que vive en la calle en su barrio; les digo que la saluden y que el ritmo de la aproximación lo marcará la persona que vive en la calle. Si agacha la cabeza, no pasa nada; si te responden, has empezado una pequeña relación.
Cristina: En mi tarea voluntaria entro a casa de alguien, a su intimidad, y veo cómo de diferentes son las personas. Fuera de Arrels, en alguna ocasión he hablado con personas que he visto viviendo en la calle, les he preguntado cómo están y también les he explicado algunos recursos. Como ciudadanos, hay que vencer este miedo que tenemos, esta prevención, este rechazo.

¿Cómo definiríais vuestro voluntariado?
Oriol: Tiene un objetivo difícil de cuantificar, intangible. Es un voluntariado de acompañamiento en el cual la persona y yo nos tenemos que sentir bien. Mi aspiración es que todo vaya fluyendo y lo que pase será importante; porque cada persona a la que acompañamos es diferente.
Cristina: Es de las cosas más bonitas que hago durante la semana. Si lo tuviera que definir, sería un voluntariado que se basa en las relaciones de largo recorrido.

 

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