Más de 250 personas entrevistadas que hablan de derechos vulnerados


Un hombre con problemas de corazón y veinte años cotizados, dos chicos que duermen juntos para evitar que les roben, un grupo de jóvenes que vino a Barcelona buscando trabajo… Esta pasada noche hemos salido a la calle para hablar con las personas que viven al raso en Barcelona: más de 250 hombres y mujeres que nos han compartido su situación. Os lo contamos.

A las 23:50 h de la noche, el grupo formado por Daniel, Clara y Bruna dejan atrás la Rambla del Raval, recorren las callejuelas que pasan por Drassanes y llegan hasta las Ramblas. Todavía hay luz porque algunos bares están abiertos, pero ellos se fijan en los rincones y lugares más invisibles. “Es una experiencia imprescindible, traspasas la barrera y conoces la biografía de muchas personas. Seguro que encontraremos a personas que no están empadronadas y que acceden al sistema sanitario a través de las urgencias“, explica Daniel Roca. Es médico de familia en el CAP Drassanes y hoy hace de voluntario en la encuesta a personas sin hogar que organizamos desde Arrels y forma grupo con dos estudiantes de último año de medicina.

En la parte final de las Ramblas, Jorge quiere hablar con ellos. Empezó a vivir en la calle en enero y ha tenido que conocer dónde poder guardar sus pertenencias, dónde ir a ducharse y dónde se puede descansar. Duerme en un saco de dormir, con un cartón fino que lo separa del suelo, y explica que ha cotizado dos décadas y ha solicitado acceder a un piso de protección oficial, que tiene problemas de corazón y que, de media, cada mes debe ir al hospital dos veces.

Más allá, en una de las zonas del Puerto, cinco personas duermen o se preparan para dormir. “Cuando vives en la calle no puedes dormir, no descansas, necesitas estar con un ojo abierto y el otro cerrado para que no te roben. A mí me han robado mis cosas mientras dormía“, explica Rafa. Tiene poco más de 30 años, una enfermedad crónica y, desde febrero, vive a la intemperie. Su compañero, Víctor, también ha sufrido robos. “¿Qué esperas conseguir de alguien que vive en la calle? ¿Qué esperan que tengas?”, exclama. Hace once meses que se encuentra en la calle y, excepto un día que durmió en un albergue, el resto los ha pasado al raso. “Vivía en una habitación de alquiler y, cuando llegó la Covid-19, perdí el trabajo y no pude pagar. Desde entonces estoy en una espiral; ir a buscar trabajo es complicado, necesitas ir presentable y si vives en la calle no se puede”, explica.

Duermen en esta zona del Puerto porque, dicen, los policías que los despiertan son más amables y porque a primera hora de la mañana no se levantan empapados debido al agua de las máquinas de limpieza. Todas sus pertenencias van en dos pequeñas mochilas y dos bolsas. Y hacen una propuesta para mejorar la situación de las personas que viven al raso: “Más centros y espacios donde poder entrar y descansar, donde nos podamos duchar; debería haber un lugar así en cada barrio”.

 

35 preguntas que hablan de derechos vulnerados

La encuesta que hemos hecho esta noche se enmarca en la campaña europea para acabar con el sinhogarismo de calle, impulsada por la organización británica World Habitat y que, en Barcelona, ​​Arrels la impulsa desde hace unos años. Este año, la hemos hecho gracias a la implicación de 530 personas voluntarias que han entrevistado a más de 250 personas que viven en la calle.

Las 35 preguntas del formulario quieren determinar la situación de vulnerabilidad que presentan las personas sin hogar y hablan sobre todo de vulneración de derechos: a la vivienda, a la salud, a la intimidad, a tener un lugar donde descansar, a la integridad física, al espacio público… Lo hemos documentado en encuestas anteriores entre los años 2016 y 2019 y en las que hemos visto que 8 de cada 10 personas presentaban una situación de vulnerabilidad alta o media. Los resultados de estas entrevistas (realizadas a más de 1.400 personas) muestran que, a partir de los seis meses de vivir en la calle, la situación de la persona se deteriora, y que haber migrado, sobre todo de países empobrecidos, es un factor estructural de vulnerabilidad.

Muy cerca de Montjuïc, casi una veintena de personas que duermen en tiendas de campaña lo confirman a otro grupo de voluntarias: migraron de sus países buscando una vida mejor y llegaron a Barcelona buscando un trabajo. “¿Habéis tenido algún problema con la policía?”, les preguntan. “Cada día nos despiertan y nos echan del parque”, responden.

La pandemia por la Covid-19 ha agravado también la situación de las personas que viven en la calle. El pasado mes de noviembre, salimos a hablar con las personas que dormían al raso y precisamente preguntamos cómo afrontaban la pandemia: casi la mitad de las 367 personas que entrevistamos nos explicaron que su situación había empeorado. Muchas de las personas que hemos encuestado esta pasada noche nos lo han vuelto a explicar. La buena noticia, sin embargo, es que algunas personas nos han contado que las han empezado a vacunar.

 

Más barrios y todos los distritos de la ciudad

A las tres de la madrugada, el equipo formado por Daniel, Clara y Bruna vuelven a recorrer las mismas calles donde han estado haciendo encuestas, pero ahora para contar todas las personas que duermen al raso. En las callejuelas donde antes no habían encontrado a nadie, aparecen siluetas y cartones. Un chico que todavía está despierto quiere charlar y explicar su caso. Una chica duerme protegida para pasar desapercibida. Un hombre duerme en la entrada de una tienda bajo una pancarta que cuelga de un balcón y que dice ‘Queremos un barrio digno’. En total, suman 17 personas, cinco de las cuales han querido compartir su situación.

Las más de 500 personas voluntarias que han hecho posible la acción de esta noche han recorrido todos los distritos de la ciudad y han llegado a barrios a los que en ediciones anteriores no habíamos llegado, como Canyelles, Bon Pastor, Can Peguera y Vallvidrera . Y, en total, han escuchado las historias de más de 250 personas que son #personasquecuentan y que no las han dejado indiferentes.

 

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