“Con la película ‘Sense Sostre’, queremos hacer visible lo invisible”


Xesc Cabot y Pep Garrido son los directores de la película Sense sostre, su primer largometraje de ficción después de quince años dedicados al cine. La película quiere poner la mirada en “lo que preferimos no ver y visibilizar realidades que, a fuerza de ser ignoradas, han dejado de existir”. Para rodar esta película han contado con la participación de personas que viven o han vivido en la calle y que conocemos en Arrels.

 

¿Por qué se os ha ocurrido hacer una película sobre la realidad de las personas sin hogar?

Todas las personas sin hogar con las que hemos hablado en alguna ocasión durante el desarrollo de este proyecto empiezan su relato de la misma forma: “Somos invisibles”. De aquí que Sense Sostre sea sobretodo un gesto: el gesto de hacer visible lo invisible para descubrir estos otros mundos ocultos con que compartimos el nuestro.

¿Os planteasteis desde el principio la participación de las personas que viven en la calle como intérpretes?

Sí, desde el principio. Nuestro deseo era trabajar con personas que hubieran vivido en la calle pero que ya no vivieran al raso como Enric, Juan, Inma, Jesús o Juan Carlos. De hecho, no sólo contábamos con ellos como intérpretes sino, sobre todo y en primer lugar, como testimonios en el momento de documentar el guión para acercarlo lo máximo posible a la realidad y no mitificar. Contar con no-actores o actores no profesionales es una vieja estrategia del cine neorrealista.

¿Qué pensabais que podían aportar?  

Las ventajas son infinitas: no tienen los tics de los actores profesionales, hay una gran verdad en sus interpretaciones… Las personas que han vivido en la calle tienen marcada en la piel y en la mirada la dureza de la vida que han tenido. Restituir esto por medio del maquillaje siempre acaba siendo una impostura. Además, contar con actores que han vivido en la calle ha sido una fuente constante de información, ideas y cambios en caso de que no fuéramos por buen camino. Ellos han impedido que pusiéramos en la película cosas que no correspondieran con la experiencia de vivir en la calle. La película está creada, de hecho, con pedazos de sus vidas. Pero es  importante destacar que en la película ellos utilizan sólo parcialmente su propia biografía.

¿Qué destacáis sobre la relación con las personas que han participado en el proyecto?

La relación ha sido del todo horizontal, sin ninguna jerarquía. Ha sido una relación de respeto y confianza en que todo el mundo se ha sentido libre de aportar y hacer crecer el proyecto. En este sentido, los podemos considerar coautores del proyecto. Procurábamos tener contacto constante con ellos para mantenerlos informados de cómo avanzábamos y en qué punto estábamos. Ellos nos acompañaban a los actos informativos y promocionales, participaban en los ensayos a partir de los cuales se ha construido la película o simplemente nos encontrábamos para hacer un café y pasar la tarde. La relación ha transcendido el ámbito meramente profesional y se han creado amistades.

¿Qué creéis que os ha aportado mutuamente trabajar juntos?  

Para nosotros ha sido una experiencia memorable, única, emocionante, muy significativa y transformadora. Su generosidad, su entrega, su capacidad interpretativa han deslumbrado a todo el equipo. Hemos aprendido y crecido juntos. Quiero  pensar que todos ellos se llevan también una experiencia memorable, que les ha sido útil  para poder elaborar o reencontrarse con aspectos conflictivos de sus biografías. Pienso que haber acabado el rodaje con éxito tiene una gran importancia para la autoestima y la confianza personal de todos nosotros. Ha habido dificultades, miedos, barreras, incertidumbres… Haber podido superarlas y tener una película tan impresionante como la que tenemos tiene una dimensión enorme. Son personas diferentes que antes de empezar el proyecto.

¿Qué papel creéis que puede jugar el cine como herramienta de transformación social?

Tenemos una gran confianza en el cine como agente de transformación social. Entendemos el arte como un gesto político, subversivo y rebelde. Evidentemente, somos conscientes de que no es suficiente con la creación. La educación, la lucha en la calle y el asociacionismo tienen un papel capital para condicionar la agenda política y dar visibilidad a los conflictos sociales. El cine permite trabajar a escala humana: singularizar -hablar de personas, no de fenómenos-, poner en el centro la emoción del personaje –hablar desde dentro, no desde fuera-, seleccionar y construir los momentos que nos interesa mostrar, ganar en precisión y economía de medios. Si con la película contribuimos a generar debate social y a incrementar en las agendas públicas y mediáticas el espacio que se dedica al sinhogarismo, ya podemos considerarlo todo un éxito.

 

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