La mayoría de la ciudadanía está confinada en su hogar como medida de prevención para contener el coronavirus y desde el pasado domingo se ha decretado el estado de alarma. Para las personas que viven en la calle, sin embargo, es imposible cumplir estas medidas. Los gobiernos estatales, catalán y ayuntamientos como el de Barcelona contemplan varias acciones que, de momento, no ofrecen una alternativa a las personas que viven al raso.

Personas que habitualmente comen en comedores de entidades privadas porque no tienen plaza en los comedores municipales y que estos días se han quedado sin comer o se han tenido que buscar la vida de otras formas. Restricciones de acceso a los centros de acogida donde las personas sin hogar se pueden resguardar durante el día. El cierre de bibliotecas, parques y otros espacios donde acostumbran a descansar las personas que viven en la calle. La presión de la policía, en algún caso, a personas que viven en la calle para que se marchen del lugar donde están sin que la persona pueda explicar su situación.

Son algunos de los casos que estos días hemos conocido en Arrels. La declaración del estado de alarma y las medidas de prevención para evitar la propagación del coronavirus están dificultando aún más la realidad de las personas sin hogar. Las acciones que desde las administraciones se están llevando a cabo estos primeros días de crisis se han centrado más en protocolos para los recursos que ya existen, como comedores sociales, albergues y centros residenciales, que en las personas que directamente viven al raso.

En este contexto de emergencia, el reto es precisamente cómo atender a todas las personas que viven en la calle. Porque la consigna es que todos y todas estemos confinados en casa, pero no todo el mundo tiene una casa y el Real Decreto lo dice claramente: una persona solo puede estar en la calle si necesita comprar productos de primera necesidad, ir a un centro sanitario, desplazarse al trabajo o cuidar de personas vulnerables, entre otros, pero no contempla el hecho de estar en la calle porque la persona vive en la calle.

La vulnerabilidad de las personas sin hogar está presente siempre, pero el riesgo de estos días es mucho más elevado. Además de no poder cumplir con el confinamiento en casa, tampoco pueden cumplir las recomendaciones de higiene. Muchas de estas personas, además, presentan dolencias crónicas, tienen una incidencia más elevada de dolencias infecciosas y más riesgo de enfermar de pulmonía.

Medidas excepcionales en el ámbito estatal, catalán y municipal

Solo en Barcelona, unas 1.200 personas viven en la calle y más de 2.100 duermen en los recursos públicos y privados de la ciudad. Estos días, los pisos y recursos privados —como los que gestionamos en Arrels— siguen funcionando; los albergues municipales también funcionan, pero durante el fin de semana cerraron las 75 plazas nocturnas habilitadas en el marco de la Operación Frío y que el Ayuntamiento preveía abrir hasta finales de marzo. Los comedores sociales municipales permanecen abiertos y con más turnos de lo habitual para que las personas puedan tener más espacio de seguridad entre ellas.

El gobierno de la Generalitat ha aprobado una propuesta de medidas específicas para las personas sin hogar que contempla, entre otros, que se mantengan abiertos los servicios higiénicos y de consigna que existen y una detección proactiva de personas que puedan estar contagiadas por el coronavirus, tanto en los centros y recursos como entre las personas que duermen en la calle. El gobierno estatal, por su parte, ha dado instrucciones este lunes 15 de marzo para atender a las personas que duermen al raso, con kits de higiene y alimentos, orientando e informando, habilitando comedores sociales y dotando a los albergues existentes con personal sanitario. El operativo lo lideran los ministerios de Defensa y Derechos Sociales.

La situación de incertidumbre nos preocupa mucho y nos plantea dudas:

  • ¿Se abrirán nuevos espacios para ofrecer un lugar seguro a todas las personas que duermen al raso? ¿Se podrá acceder con todas las pertenencias y animales de compañía?
  • ¿Qué pasará si una persona da positivo y necesita un lugar para recuperarse? ¿Habrá plazas libres reservadas o se crearán plazas nuevas?
  • ¿Se abrirán plazas suficientes para dormir, pasar el día, comida, etc., teniendo en cuenta que algunos recursos públicos y privados han tenido que cerra?
  • ¿Y qué pasará con las personas que viven en la calle y que, por diferentes motivos, decidan no ir a un centro? ¿Serán sancionadas?
  • ¿Cómo se coordinarán, llegado el caso, personal sanitario, equipos de calle que ya conocen las personas sin hogar y policía y fuerzas armadas?, ¿y los diferentes estamentos administrativos?

Una mirada más allá de la urgencia

La situación actual de emergencia requiere acciones a corto plazo y que protejan a los colectivos más vulnerables, como las personas que viven en la calle, pero también pone en evidencia el hecho que vivir en la calle es un riesgo siempre y la necesidad de políticas y soluciones que miren a largo plazo y que apuesten por el acceso al alojamiento.

En este contexto, lanzamos una serie de propuestas:

  • Habilitar los espacios que había previstos para la Operación Frío en Barcelona y que no se han llegado a abrir. A pesar de que estos espacios preveían acoger más de 300 personas, entendemos que en las circunstancias actuales acogerían a menos personas por motivos de seguridad.
  • Aprovechar los recursos públicos que en estos momentos están cerrados en todo el territorio catalán, como centros cívicos, centros deportivos, etc., como alternativa para acoger personas durante el día y la noche.
  • Habilitar los hoteles de Barcelona y el resto de municipios para acoger las personas que viven en la calle, aprovechando que son espacios ubicados por todo el territorio.
  • Trabajar de manera coordinada con todos los equipos de calle, públicos y privados, que atienden personas sin hogar.
  • Aprovechar los centros privados que habitualmente atienen a personas sin hogar y que han tenido que cerrar estos días, poniéndolos a disposición de los equipos municipales y aprovechando que son espacios de referencia para muchas personas que duermen en la calle.
  • Coordinación entre las diferentes administraciones, personal sanitario y entidades sociales que conocemos y atendemos personas sin hogar.

Garantizar un alojamiento seguro para todas las personas que viven en la calle es, en estos momentos, lo más importante para poder atender a estas personas. El hecho de estar en un espacio protegido significaría para ellas no estar expuestas al coronavirus, poder acceder a los servicios médicos con más facilidad y no sufrir el riesgo de incumplimiento del estado de alarma decretado por el gobierno estatal.

En otras ciudades del mundo ya se han puesto en marcha para atender a las personas que viven en la calle, en esta crisis sanitaria por coronavirus. En Berlín se está presionando para que el municipio abra alojamientos de emergencia durante las 24 horas y reconvierta locales vacíos en espacios de emergencia. En Francia, por ejemplo, se ha prorrogado durante dos meses la apertura de los albergues habilitados para la Operación Frío después de la presión de diferentes entidades sociales; y en Estados Unidos, los equipos de calle que atienden a personas sin hogar salen de manera coordinada con los equipos sanitarios. Asimismo, el lunes 16 de marzo el gobierno de Madrid anunció que habilitará plazas de hotel y pensión para las personas que viven al raso.

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