Las mujeres sin hogar sufren una exclusión residencial poco visible, con menos presencia en la calle y más en el ámbito privado: pisos sobreocupados, ocupación de viviendas vacías, acogida por parte del entorno o centros de acogida y alojamientos temporales. Un estudio de la Universidad de Barcelona, ​​con el apoyo de seis entidades sociales, analiza los itinerarios vitales de mujeres sin hogar y manifiesta la importancia de políticas y acompañamiento con perspectiva de género. La violencia de género es el principal desencadenante del sinhogarismo entre las mujeres que han participado en el estudio.

“El principal problema de las mujeres es la inseguridad en la calle y los albergues.” Lo explica Eloísa, que ha vivido dos años la calle y ha pasado por varios recursos de alojamiento temporal en la ciudad de Barcelona. Se fue de casa con sus cuatro hijos huyendo de los malos tratos de su ex marido. Su experiencia en la calle siguió marcada por la violencia machista. Actualmente cuenta con el apoyo de la asociación Lola no estás sola y tiene un trabajo que le permite alquilar una habitación, aunque “si tuviera un piso a lo mejor podría llevar a mis hijos un día a comer”.

La historia de Lamiae, madre de tres niños, también está marcada por la violencia de género por parte de su ex marido. Después de quedarse sin trabajo vivió en una casa ocupada y actualmente está alojada en un piso. Ghislane, en cambio, se quedó sin hogar cuando quebró su negocio: “Los recursos se acaban y te encuentras que no hay salida. Y tienes vergüenza de explicar tu caso, yo no sabía que había la posibilidad de recibir ayuda”.

Eloísa, Lamiae y Ghislane son tres de las 35 mujeres que han participado en el estudio Mujeres en situación de sin hogar en la ciudad de Barcelona. Han compartido su experiencia y reflexiones en la jornada de presentación del informe, celebrada en noviembre. La investigación, de carácter cualitativo a partir del análisis de los itinerarios vitales de las participantes, ha sido desarrollada por dos equipos de la Universidad de Barcelona (Grup de Recerca i Innovació en Treball Social – GRITS i Grup de Recerca en Sociologia Aplicada – GRISA) y ha contado con el apoyo de las seis entidades sociales que acompañan a las mujeres entrevistadas: ASSÍS Centre d’Acollida, Càritas Diocesana de Barcelona, Filles de la Caritat, Lola no estás sola, ProHabitatge i Arrels Fundació.

Las más invisibilizadas

Las mujeres sin hogar representan poco más del 10% de las personas que viven en la calle en Barcelona pero su vulneración del derecho a la vivienda se expresa con otras maneras de sinhogarismo, más difíciles de cuantificar. Virginia Matulic, directora de la investigación, explica que los itinerarios vitales de las mujeres sin hogar y la diversidad de formas de exclusión residencial que sufren son menos visibles. Su situación también ha sido oculta tradicionalmente en los estudios sobre sinhogarismo, que se han caracterizado por una visión androcéntrica.

“El sinhogarismo femenino se vincula al ámbito privado y se manifiesta a través de la precariedad habitacional, donde las mujeres permanecen ocultas.” Como muestra el informe, “se protegen más de la intemperie” que los hombres y “despliegan estrategias protectoras que les permiten retrasar una situación de calle”: alojamiento temporal en hostales o pensiones, ocupación de pisos vacíos, acogida por parte de familiares y amigos, subarriendo de habitaciones, centros de alojamiento temporal de instituciones públicas y privadas o la llamada vivienda inadecuada (en malas condiciones, de autoconstrucción, en caravanas…). Las investigadoras se refieren a estos casos como “sinhogarismo encubierto” o “de puertas adentro” que dependen más de las redes relacionales, que se intentan mantener tanto como puedan.

Violencia de género omnipresente

La investigación también pone de relieve el impacto de las desigualdades estructurales (género, clase social u origen) y los cambios socioeconómicos sobre los itinerarios vitales de las mujeres. La violencia de género es el principal desencadenante de la exclusión residencial entre las participantes del estudio, durante la juventud y la edad adulta. Y la violencia machista sigue siendo central en muchas de sus trayectorias.

Durante la presentación de la investigación, el sociólogo Jordi Caïs, coautor, expuso que es habitual una huida de un entorno familiar de abusos y malos tratos junto con un contexto de pobreza estructural, dificultades para incorporarse al mercado laboral o trabajo muy precario, cuando lo hay. “No hay equilibrio entre el trabajo y los niños, y al final siempre te quedas sin trabajo”, ejemplifica Lamiae. Otros desencadenantes destacados del sinhoragismo entre las mujeres son los procesos migratorios, la falta de entorno o la pérdida o ruptura de las relaciones familiares o de pareja.

Políticas y servicios con perspectiva de género

Eloísa ha encontrado “seguridad y tranquilidad” en el proyecto de acompañamiento a mujeres sin hogar donde participa actualmente. En los diferentes recursos y servicios donde ha sido atendida ha generado vínculos positivos, con profesionales y compañeras, pero también identifica deficiencias, como las listas de espera de más de cuatro meses para entrar en un albergue o la falta de intimidad y seguridad respecto a sus compañeros hombres. “Lo que necesitamos es mucho apoyo psicológico y un lugar seguro donde dormir”, reivindica durante la jornada.

El estudio presentado por la UB también alerta del androcentrismo en las políticas sociales y los servicios y recursos para personas sin hogar. Con el apoyo de las entidades, plantea las siguientes propuestas:

  1. Incorporar la perspectiva de género en el diseño de las políticas públicas.
  2. Incrementar la intervención del sector público en las políticas de inclusión social específicas para las mujeres.
  3. Implementar políticas públicas de vivienda.
  4. Desplegar una atención integral que incorpore los distintos itinerarios que presentan las mujeres sin hogar.
  5. Implementar actuaciones interinstitucionales y articular redes colaborativas entre todos los agentes implicados.
  6. Diseñar acciones transversales contra la violencia de género.
  7. Articular programas específicos que atiendan las situaciones de salud mental de las mujeres sin hogar.
  8. Incrementar las actuaciones grupales y comunitarias en la atención.
  9. Adaptar los servicios y programas a las necesidades específicas que presentan las mujeres en situación de sin hogar.
  10. Implementar investigaciones conjuntas entre el ámbito académico y el profesional.

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