En Barcelona, unas 2.000 personas viven en la calle. No viven al raso porque quieran, sino porque no tienen un hogar y los recursos de ayuda que existen son insuficientes para transformar su realidad.
Cuando no tienes un hogar, quedan vulnerados derechos básicos como la intimidad, la seguridad o la salud. También el derecho al descanso. ¿Sabías que 6 de cada 10 personas que viven en la calle en Barcelona tienen dificultades para encontrar un lugar a cubierto donde descansar?
Tener que vivir en la calle comporta un sobreesfuerzo durante todo el año. También los meses de verano y calor: hay más ruido en la calle, se descansa menos, la sensació de inseguridad aumenta, hay recursos que cierran y el día a día es más difícil.
Para visibilizar esta realidad, este verano decimos #HomelessGoHome. Porque para volver a casa, primero hay que tener una.
Cada año, en Arrels acompañamos a más de 3.300 personas sin hogar. Las visitamos en la calle, ofrecemos servicios básicos, garantizamos alojamiento y acompañamos en el proceso de recuperación de derechos y autonomía. Este verano, lo seguimos haciendo.
Cuando vives a la intemperie, descansar es casi imposible. Los meses de calor en Barcelona, aún más. El 58 % de las personas que viven en la calle nos dicen que encontrar un lugar donde reposar durante el día es complicado y alternativas como los refugios climáticos no se adaptan a la realidad de las personas que viven al raso.
Esta falta de descanso tiene un impacto directo en la salud física y emocional de las personas sin hogar.
“Cuando hacía más calor, durante el día descansaba a la sombra de unas palmeras y por la noche me refrescaba en una fuente. Lo hacía de noche para evitar las miradas de la gente; me sentía más seguro”.
A Andreas lo conocimos hace seis años, cuando vino a nuestro centro abierto, para ducharse y cambiarse de ropa.
Ahora vive en un piso. “Me ha cambiado la vida. Ara puedo descansar y dormir bien”.
Luca vive en un piso de Arrels desde hace dos años y colabora con el equipo de mantenimiento de Arrels. Recuerda cómo eran los veranos viviendo al raso: “Me refrescaba en las duchas de la playa. Se sufre mucho en la calle, tanto si hace frío como si hace calor, y en verano, al haber más gente en la calle, me sentía inseguro y muchas noches no dormía”.
Más allá de las condiciones climáticas, las personas que viven en la calle lo pasan mal durante todo el año.