Lejos de lo que a veces se percibe, vivir en la calle no comporta menos problemas en verano. Muchas personas que conocemos nos cuentan que es en esta época cuando tienen más inconvenientes. Un 58% de las personas que viven en la calle declaran tener dificultad o mucha dificultad para encontrar un lugar cubierto para descansar durante el día y una de cada dos personas ha sido despertada por intervención de los equipos de Limpieza o Guardia Urbana. Además, cuatro de cada diez fueron obligadas a desplazarse. Todo ello, con el mayor obstáculo de base: tener que hacer frente a las temperaturas extremas sin tener acceso a un techo, ventiladores ni duchas.
Vivir en la calle implica dificultades sistemáticas para cubrir necesidades básicas; en primer lugar, la vivienda. Pero también actos tan cotidianos como ducharse, cambiarse de ropa, descansar o comer se convierten en un obstáculo diario. De hecho, según datos del Informe Vivir en la calle en Barcelona de 2025, la necesidad fisiológica de las personas que viven en la calle más vulnerada es el descanso: el 58% explica que tiene dificultad o mucha dificultad para encontrar un lugar cubierto para descansar durante el día.
La mayoría de las personas que viven en la calle no dispone de acceso al transporte público y tiene que andar largas distancias con sus pertenencias para cubrir necesidades básicas. Pero los desplazamientos no son sólo comer o ducharse. Según datos de la encuesta de personas que viven en la calle de 2025, cuatro de cada diez personas en situación de calle fueron desplazadas de su lugar de pernocta y una de cada dos personas fue despertada por intervención de los equipos de Limpieza o Guardia Urbana.
Esta situación provoca una elevada inestabilidad y estrés continuo, porque genera dificultad para descansar y consolidar un sitio de pernoctación, ruptura constante de rutinas básicas, pérdida de pertenencias o interrupción de procesos (citas, seguimiento social…). También puede explicar por qué muchas personas buscan sitios de difícil acceso, fronterizos con otros municipios o más apartados para poder descansar más tranquilamente.
Además del cansancio físico que puede comportar el no descansar adecuadamente, las personas que viven en la calle sufren de un estrés constante que no les permite descansar mentalmente casi nunca. “.“Muchas personas que viven en la calle duermen en plan de alerta por miedo a robos o agresiones, no tienen ningún momento de recreo o desconexión y tienen que gestionar la investigación continuada de recursos para resolver sus necesidades más básicas. En resumen, no tienen ningún espacio de tranquilidad y descanso mental”, explica Beatriz Fernández, directora de Arrels.
Sanciones y refugios que no son accesibles
Hidratarse y comer ligeros; quedarse en casa y evitar salir a la calle sobre todo en las horas más intensas; bajar las persianas de casa, cortinas oscuras y disponer de ventiladores o aire acondicionado. Son las recomendaciones que muchas administraciones hacen a la ciudadanía frente a las altas temperaturas. Unas prácticas que, en su día a día, no son asumibles para una persona que vive en la calle. A esto se suma que algunos recursos de ayuda específicos para personas sin hogar cierran por vacaciones y otros reducen los horarios de atención.
“En verano hay mucha más gente en la calle, te sientes más inseguro y hay noches que no duermes”, dice Luca, una persona alojada por Arrels que vivió 10 años en la calle. “Se sufre mucho el calor y el frío en la calle, a mí el calor me mata. Para refrescarme iba a la playa y me lavaba en las duchas”, relata.
Además de carecer de servicios disponibles, las personas pueden ser sancionadas por intentar paliar la situación. La ordenanza de civismo de Barcelona prohíbe lavarse en una fuente y tres de cada diez personas en situación de calle nos cuentan que las han sancionado. Esto tiene un impacto directo en sus condiciones de vida, generando inestabilidad y dificultando la posibilidad de mantener un espacio mínimo de pernocta.
Por otro lado, desde 2020 Barcelona habilita la Red de Refugios Climáticos, un conjunto de equipamientos como bibliotecas, centro cívicos o parques y jardines que pueden servir para proteger a la ciudadanía de las temperaturas extremas. Pero a veces estos espacios entran en conflicto cuando las personas en situación de calle lo utilizan: no hay personal preparado y no es su función. Además, el momento en que menos refugios climáticos están abiertos es en agosto, cuando sólo está disponible un 48% de toda la red, según datos del estudio Sinhogarismo y cambio climático en Barcelona (Desca, enero 2026).
“Se está evidenciando un cambio climático y lo estamos notando a épocas de invierno y de verano. Las personas que viven en la calle son las primeras víctimas, a nivel de calor, de frío y de lluvias. Las políticas públicas vinculadas al cambio climático, entonces, las tienen que tener en cuenta”, concluye Beatriz Fernández.
¿Qué pedimos?
A corto plazo:
- Abrir refugios climáticos de baja exigencia en cada barrio, para descansar durante el día, para personas en situación de calle y que estén adaptados y acondicionados.
- Facilitar el acceso a alojamientos de urgencia estables de pequeño tamaño en cada barrio.
- Mejorar la difusión entre las personas en situación de calle de la red de Fuentes y lavabos públicos en la ciudad de Barcelona.
- Ampliar servicios higiénicos y de consigna para personas sin hogar.
- Intensificar las visitas a las personas en situación de calle para saber cómo se encuentran, qué necesitan y cuál es su estado de salud.
A medio plazo:
- Desarrollar un Marco de Acción de ámbito catalán que coordine las consejerías de Servicios Sociales, Vivienda y Salud.
- Facilitar el acceso a la vivienda y alojamiento estable de personas en situación de calle con servicios de apoyo flexibles.
- Descriminalizar las acciones para sobrevivir en la calle de las ordenanzas de civismo.
Más información:
- Conoce la campaña Homeless Go Home.
- Lee el informe Vivir en la calle en Barcelona 2025.