El 72 % de las personas que viven en la calle en Barcelona no tiene ninguna expectativa de acceder a una vivienda


Solo una de cada cuatro personas que viven en la calle prevé acceder a un alojamiento y dejar de dormir a la intemperie. Además, la pérdida de la vivienda se identifica como una de las principales vías de entrada a la situación de calle: un 35,3 % de las personas que viven a la intemperie afirma que la última vivienda en la que residió era de alquiler (26,8 %) o de propiedad (8,5 %). Los datos, recogidos en el informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar (2025), muestran un aumento significativo de las personas que llevan menos de seis meses viviendo en la calle y, al mismo tiempo, la cronificación de quienes permanecen más tiempo en esta situación.

La realidad del sinhogarismo en la ciudad de Barcelona ha cambiado en los últimos años. Hay más personas viviendo en la calle (1.982, según el último recuento de Arrels, realizado en diciembre de 2025) y ya no duermen en los mismos lugares. Aunque Ciutat Vella ha sido históricamente el distrito que acoge a más personas sin hogar, el mapa del último recuento muestra un desplazamiento hacia los márgenes de la ciudad y sitúa ahora a Sants-Montjuïc como el distrito donde duermen más personas.

Los datos del informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar (2025), que desgranamos a continuación, proceden de las encuestas realizadas a 676 personas que dormían a la intemperie en junio del año pasado.

 ¿Cómo acaban las personas viviendo en la calle?

El sinhogarismo es un proceso dinámico. Entrar en una situación de sinhogarismo supone pasar de disponer de una vivienda estable a una situación de exclusión residencial o de ausencia de una vivienda adecuada. De hecho, la práctica totalidad de las personas que viven en la calle (92,7 %) había residido en una vivienda estable en algún momento de su vida.

Vivir en la calle no es un punto de partida, sino el resultado de un proceso de exclusión residencial que engloba un continuo de situaciones habitacionales precarias. Llegar a vivir en la calle no responde a una única causa ni ocurre por casualidad. Este año, los factores relacionados con los problemas de acceso o mantenimiento de la vivienda (18 %) y los procesos migratorios (18 %) se sitúan como los principales motivos expresados por las personas encuestadas.

La pérdida de la vivienda aparece como una de las principales vías de entrada a la situación de calle, aunque este proceso no siempre es inmediato, sino que suele ser progresivo. Un 35,3 % de las personas que viven en la calle afirma que la última vivienda en la que residió era de alquiler (26,8 %) o de propiedad (8,5 %).

Además, quedan en evidencia las dificultades del sistema de protección para prevenir que las personas acaben viviendo en la calle. Las situaciones de vivienda insegura representan un 23,3 % de los casos. Esto indica que muchas personas ya se encontraban en situaciones de exclusión residencial antes de acabar durmiendo en la calle, por ejemplo viviendo sin contrato con familiares o amistades (17,7 %) o en una vivienda ocupada (5,6 %).

Por último, destaca que un 36,6 % de las personas que viven en la calle lleva menos de seis meses en esta situación. El porcentaje de personas que han empezado recientemente a vivir en la calle aumenta siete puntos respecto a 2023, cuando representaba el 29,5 %.

La estancia en la calle

Paralelamente, los datos del informe muestran que la cronificación no se está reduciendo: las personas que viven en la calle, una vez han caído en esta situación, difícilmente consiguen salir de ella. Así, aunque el tiempo medio de estancia en la calle ha bajado de los 4 años y 5 meses (2023) a 3 años y 6 meses, este descenso se explica por la incorporación de muchas personas nuevas al tramo de entre 0 y 6 meses viviendo en la calle, y no porque desaparezcan las situaciones de cronificación.

Paralelamente, persisten las situaciones de cronificación, con una parte relevante de personas que llevan más de cinco años durmiendo en la calle. Por un lado, aumentan las situaciones recientes, con un incremento significativo de las personas que llevan menos de seis meses viviendo en la calle. Por otro, aunque se observa una ligera reducción, siguen existiendo situaciones de cronificación, con una parte importante de personas que llevan más de cinco años en esta situación. Las personas que entran en una situación de sinhogarismo en la calle difícilmente consiguen salir de ella.

La temporalidad de los recursos residenciales para personas sin hogar hace que muchas personas en situación de calle pasen por albergues (13,3 %), hostales y pensiones (6,6 %) o viviendas con apoyo de los servicios sociales o de entidades sociales (4,4 %), pero vuelvan a dormir en la calle. Un 24,3 % de las personas ha pasado por recursos residenciales temporales y ha terminado, o ha vuelto, a una situación de calle. Este hecho pone de manifiesto el margen de mejora de las políticas públicas a la hora de ofrecer recursos residenciales estables.

El análisis de la recurrencia de las situaciones de calle pone de manifiesto las dificultades para salir de ellas. El 34,3 % de las personas que viven en la calle ha pasado por otros episodios de sinhogarismo a lo largo de su vida. Aun así, el 62,7 % no había vivido episodios previos de calle, lo que indica que para la mayoría de las personas esta es la primera vez que se encuentran en esta situación.

El sistema de atención al sinhogarismo no prevé suficientes salidas estables ni las garantiza

La expectativa de salir de la calle es un elemento clave para mantener la esperanza y ayudar a sobrellevar esta situación, pero solo una de cada cuatro personas en situación de calle entrevistadas tiene una salida prevista. La realidad es que el acceso a soluciones residenciales es limitado y no llega a la mayoría de las personas, de modo que muchas no tienen un proceso de salida activado ni la expectativa de conseguirlo.

Además, el 72 % de las personas que viven en la calle en Barcelona no está en espera para acceder a una vivienda. En comparación con la investigación anterior, la cifra de personas que sí están esperando ha empeorado 4,3 puntos, pasando del 28,1 % (2023) al 23,8 % (2025). Disminuye el porcentaje de personas con una salida en marcha y aumenta el de aquellas que no tienen ninguna perspectiva de salida, lo que pone de manifiesto un empeoramiento del acceso a los itinerarios para salir de la calle.

Según las personas encuestadas que viven en la calle, cuando se consigue entrar en la lista de espera para acceder a un alojamiento o una vivienda, en la mayoría de los casos es para optar a soluciones temporales, como albergues (34,2 %), o precarias como pensiones o habitaciones (16,8 %). Esto pone de manifiesto que el 51 % de las personas está esperando para acceder a un alojamiento temporal o precario, lo que no implica salir del sinhogarismo.

El hecho de que aumente el número de personas que llevan menos de seis meses viviendo en la calle, mientras disminuye el de aquellas que encuentran una solución a su situación, indica que el sistema de atención al sinhogarismo no está dando respuesta a todas las personas que caen en una situación de sinhogarismo y nos advierte del riesgo de una futura cronificación a medio plazo.

La situación administrativa condiciona la exclusión

El sistema de extranjería es un factor determinante para que haya nuevas personas durmiendo en la calle y también para que no puedan mejorar su situación, especialmente en el caso de las personas extracomunitarias.

Una parte significativa de las personas encuestadas con nacionalidad comunitaria (44,7 %) y extracomunitaria (68 %) que viven en la calle no reúne los requisitos necesarios para realizar trámites de extranjería. Entre los motivos se encuentran su situación de exclusión social, que les impide realizar los trámites y gestiones necesarias, el desconocimiento de los procedimientos y requisitos, la imposibilidad de desplazarse, la caducidad de la documentación o la dependencia de documentación que deben recibir de sus embajadas.

Además, aunque el empadronamiento es un derecho reconocido, todavía no es universal. Los datos indican que, en 2025, la mayoría de las personas encuestadas que viven en la calle en Barcelona estaban empadronadas (63 %), pero el 32,8 % todavía no lo estaba. El porcentaje de personas no empadronadas aumenta 7,1 puntos porcentuales respecto a 2023. Sin empadronamiento, el acceso a derechos básicos queda gravemente limitado.

Si analizamos los motivos por los que las personas no están empadronadas, no disponer de la documentación necesaria para hacerlo es la razón principal, citada en el 53,5 % de las respuestas. Por otra parte, las denegaciones por parte de los municipios también han aumentado hasta el 12,1 %. En cambio, y rompiendo con los estereotipos, el porcentaje de personas que afirman no querer empadronarse por decisión propia se reduce hasta el 5,6 %. El empadronamiento no depende únicamente de la voluntad de la persona, sino también de unas condiciones administrativas e institucionales que se están convirtiendo cada vez más en un obstáculo para el acceso a derechos.

No existe un perfil único

Cuando entrevistamos a las personas que viven en la calle encontramos una gran diversidad de trayectorias y situaciones. No existe un perfil único, pero sí desigualdades muy marcadas. El 87,6 % de las personas encuestadas son hombres; un 20,5 % son jóvenes de entre 18 y 29 años; y un 71,8 % tiene nacionalidad extranjera, especialmente extracomunitaria.

En cuanto a la edad de las personas que viven en la calle, detectamos una edad media de 42,7 años. Este dato confirma que el sinhogarismo se concentra en edades adultas, especialmente en la etapa de plena actividad laboral, en la que debería alcanzarse una estabilidad residencial. El sinhogarismo, como proceso de exclusión social, supone también la exclusión del mercado laboral y del acceso a la vivienda en las etapas centrales de la vida.

El sinhogarismo juvenil en situación de calle, entendido como el de las personas jóvenes de entre 18 y 29 años que duermen en la calle, representa el 20,5 % de la muestra. En 2023 representaba el 15 %, lo que pone de manifiesto un incremento considerable del sinhogarismo juvenil en la ciudad: una de cada cinco personas que vive en la calle es joven. Por su parte, el sinhogarismo de las personas mayores en situación de calle, considerando a las personas mayores de 55 años que duermen en el espacio público, representa el 19,1 % del total.

Los datos muestran la existencia de tres dinámicas diferenciadas, pero simultáneas, en relación con la edad de las personas que viven en la calle: la entrada precoz (personas jóvenes), la consolidación de las trayectorias (edades centrales) y la persistencia y el envejecimiento (personas mayores de 55 años). El sinhogarismo no es, por tanto, un fenómeno homogéneo, sino que afecta a todas las etapas del ciclo vital e incluye trayectorias que se inician, se consolidan y se cronifican. Por ello, es necesario diversificar las políticas preventivas y adaptar los recursos de la red de atención al sinhogarismo.

Propuestas

Reforzar la atención temprana. El porcentaje de personas que llevan menos de seis meses viviendo en la calle ha aumentado hasta el 36 %. Además, el 62,7 % de las personas en situación de calle no ha vivido episodios previos de calle: la mayoría se encuentra en esta situación por primera vez. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de desarrollar una política pública de atención temprana que coordine actuaciones dirigidas al sinhogarismo de corta duración, como el realojo rápido, la tramitación acelerada de prestaciones o el apoyo intensivo en ámbitos como la salud mental y las adicciones, entre otros.

Desarrollar una política de desinstitucionalización. Es necesario reforzar las políticas preventivas del sinhogarismo vinculadas a la desinstitucionalización: la intervención con jóvenes que salen del sistema de protección, el despliegue de planes de salida de prisión con garantía residencial o la prevención de las altas hospitalarias, contemplando soluciones de alojamiento para las personas sin hogar.

Garantizar el acceso a una vivienda estable y un apoyo flexible. El acceso a una vivienda estable para las personas en situación de calle es limitado. Actualmente, la mayoría de los recursos son temporales y rotatorios y, en algunos casos, la estancia máxima a la que se puede acceder es de dos años. Entendemos por vivienda estable aquella que proporciona la seguridad necesaria para desarrollar un proyecto de vida, como los contratos de cinco años que garantiza la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y a los que accede la población en general.

Crear una red urbana de alojamientos estables, de baja exigencia y de proximidad. Es necesario garantizar un alojamiento estable y de baja exigencia en cada barrio de Barcelona para superar el modelo actual de albergues masificados y con listas de espera, y ofrecer un espacio seguro adaptado a las necesidades de todas las personas: mujeres, personas LGTBIQ+, personas con adicciones o problemas de salud mental, personas con animales de compañía, entre otras.

Aprobar la Ley de Sinhogarismo. Las entidades sociales que trabajamos con personas sin hogar, junto con el ámbito académico y diversos colegios profesionales, llevamos años impulsando la Ley de Sinhogarismo. Es urgente que el Parlament de Catalunya apruebe un texto de consenso que dé respuesta a las necesidades de las personas sin hogar y garantice que sean sujetos de derecho. Para ello, la ley debe aprobarse sin desvirtuar su contenido y debe desplegarse con la correspondiente dotación presupuestaria.

Más información:

– Lee el Informe Viure al carrer a Barcelona. Radiografia d’una ciutat sense llar (2025).

 

 

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