Desde el año 2001 el Taller de Arrels ha ayudado a sentirse útil a más de 300 personas que han vivido en la calle. Actualmente continúa su actividad diaria con más fuerza que nunca y tiene como objetivo seguir creciendo para poder apoyar a más gente.

Son las 11 de la mañana y las 10 personas que, como cada día, dan vida al Taller La Troballa ya trabajan desde hace rato. Es un espacio más bien pequeño, cálido y familiar, cargado de herramientas y materiales por todas partes: pinturas, cartones, martillos, maderas, lanas, libretas, cartulinas… todo distribuido en cajones, estantes y sobre las mesas, que no tienen ni un trozo vacío.

Como el nombre del taller indica se trata de un punto de encuentro de aquellas personas que ya no habitan en la calle sino que viven en pisos o pensiones. Muchas de ellas, a consecuencia de años de vida al raso, sufren problemas psíquicos o físicos y las actividades artesanales que realizan están adaptadas a sus capacidades.

Muñecos, carpintería, bisutería, ganchillo, encuadernación, juguetes, objetos decorativos… cualquier manualidad tiene su lugar en la Troballa. “El Taller me ha ayudado a no recaer, a sentirme útil, a tener una rutina. Es mi trabajo, aquí tengo gente que me espera cada día”, comenta Gemma, que hace dos años que dejó el alcohol después de 36 años y hace un año que acude diariamente al Taller. “No venimos a pasar el rato, hacemos todo lo que somos capaces, lo que podemos y sino lo hacemos bien nos corrige con amor y respeto”, reitera.

 

14 años, 301 personas

Gemma es una de las 301 personas que han pasado por el Taller desde su fundación en 2001. En sus inicios se impulsaban principalmente las actividades relacionadas con la cocina ya que se asociaba fácilmente a la familia, a la madre, a costumbres de casa, del hogar… pero poco a poco se fueron diversificando en otras manualidades.

En febrero de 2009 el Taller se trasladó del Centre Obert a la calle Puig y Xoriguer, en un espacio más amplio, ante la Llar Pere Barnés. Ahora bien, a pesar del cambio de lugar el objetivo sigue siendo el mismo, tal como afirma Rocío Alonso, coordinadora del Taller, “lo más importante es que las personas se sientan útiles, al mismo tiempo que desarrollan habilidades sociales y personales”.

 

¿Qué se hace en el Taller?

Actualmente por las mañanas se desarrolla un taller ocupacional donde cada una de las personas se dedica a realizar una manualidad concreta. Cada producto que realizan es único y hecho a mano, con sus pequeños defectos y su autenticidad, como cada una de las personas que los elaboran. “El hecho de dejar un producto a medias que deben continuar el día siguiente y de saber que les esperan cada mañana les obliga a tener una rutina, a la vez que sienten que pueden contar con alguien”, comenta Rocío. Además, los usuarios obtienen un reconocimiento por la labor que desarrollan, se sienten escuchados, satisfechos y orgullosos del resultado de su trabajo. Valerio, que ha vivido durante 8 años en la calle, señala que en el Taller “no paramos nunca de hacer cosas, no estamos nunca quietos, aquí al menos nos sentimos útiles”.

Por otra parte, dos tardes a la semana se realiza el taller prelaboral donde el objetivo es trabajar competencias laborales básicas como la puntualidad, la forma de vestir y la convivencia, entre otros.

 

El Taller, una familia

Así pues La Troballa es un espacio de desconexión, de compartir, de explicar y recordar historias, de reír, de no pensar en nada y olvidarse por unas horas de la situación en que se encuentran. Lluís, voluntario desde hace 3 años, reitera que el Taller “ayuda a las personas a aprender a convivir, a sentirse una más, a estar activas ya compartir situaciones y vivencias”. Todo esto es muy positivo y eficaz a la hora de combatir el principal mal de muchas de ellas, la soledad.

Por ahora La Troballa recibe algunos pedidos como por ejemplo la elaboración de detalles para una boda o de regalos de empresa para Navidad. Todo el dinero que se obtiene va destinado a cosas comunes como el cine, comidas, salidas… Lo más importante de todo es crear un espacio de comunidad y de familia, un sentimiento de equipo basado en la confianza y el respeto.

De cara al futuro el Taller pretende establecerse en un local más amplio para acoger más gente, para desarrollar las actividades de forma más cómoda y para seguir creciendo como hasta ahora.

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