56 personas que vivían o habían vivido en la calle han muerto durante los últimos doce meses; de media, tenían 56 años. El miércoles 30 de octubre las recordaremos en un acto en la plaza de la Catedral de Barcelona, a las 18h. No nos cansamos de decirlo: que vivir en la calle acorta los años de vida.

La realidad de las personas sin hogar a menudo es invisible y, las defunciones de las personas que han vivido en la calle, aún lo son más. Desde 2016, han fallecido 210 personas que vivían o habían vivido al raso y que conocíamos desde diferentes entidades sociales de Barcelona. Por eso, desde hace unos años salimos a la calle para recordar y denunciar los riesgos y la invisibilidad que sufren.

Este año queremos recordar a 56 personas que nos han dejado en los últimos doce meses. Casi el 25% vivía en la calle y otro 26% tenía la salud muy frágil y vivía en centros sociosanitarios o adaptados a sus necesidades. Algunas personas habían conseguido vivir en un piso, otras estaban en una residencia o en un albergue. Una de cada cuatro personas que recordamos ha muerto en el hospital.

Bambo, Krzysztof y Mihai tenían sólo 31 años; son los más jóvenes. Severo tenía 84 años. De media, las personas sin hogar que hoy visibilizamos han vivido 56 años, 26 menos que el resto de vecinos y vecinas de Barcelona. Desde 2016, la media de edad de las personas que recordamos ha disminuido.

Tener que vivir en la calle significa tener muchos derechos vulnerados: a la vivienda digna, a la intimidad, a la salud, a sentirse protegidas e incluso el derecho al recuerdo. Este año, además, sabemos que dos personas han muerto víctimas de violencia y agresiones.

A las 56 personas que este año queremos recordar las conocíamos desde 18 servicios y entidades que acompañamos personas sin hogar: Àmbit Prevenció, Assís Centre d’Acollida, Barcelona Actua, Cal Muns, CAS Baluard, Càritas, Dit i Fet, Heura, la fundacinó Sant Pere Claver, La Merienda, Gregal, el hospital de campanya de la parroquia de Santa Anna, Lligam, Lloc de la Dona, Projecte Sostre, Santa Lluïsa de Marillac, UTE-Primer la Llar y fundación Arrels.

El próximo miércoles 30 de octubre a las 18h, os esperamos en la plaza de la Catedral. De momento, compartimos el manifiesto del acto::

56 nombres para recordar y romper la invisibilidad

Cada vez que una persona sin hogar que conocemos muere los sentimientos se mezclan y las dudas afloran. ¿Se habrá sentido acompañada? ¿Se podía haber hecho algo más? ¿Qué hay que hacer para que no se vuelva a repetir?

Vivir en la calle deteriora la salud y acorta los años de vida. Le pasó a Noelia hace unos meses; con 32 años nos dejó después de una enfermedad y de una vida en la calle muy dura y su pareja, José, murió tan sólo unos meses después. Archana tenía 45 años, vivía en la calle y murió víctima de violencia. Abdeslam nos dijo adiós tres días después de su cumpleaños, había cumplido 57 años.

Hoy llenamos la plaza de la Catedral con 56 nombres que queremos que se recuerden y que pertenecen a hombres y mujeres que vivían o habían vivido en las calles de Barcelona. De estas 55 personas, sabemos que 13 vivían directamente en la calle, que 25 murieron en el hospital o en un centro de convalecencia y que muchas otras habían conseguido, finalmente, tener un hogar.

Son defunciones que nos llenan de tristeza, de contradicción y de indignación. ¿Sabías que, de media, los barceloneses y barcelonesas viven 82 años y que las personas que hoy recordamos han vivido 26 años menos? Desde que empezamos a salir a la calle para visibilizar esta realidad hace cuatro años, hemos recordado a 210 personas; esto significa que cada semana nos ha dejado una persona.

No nos cansamos de decirlo: para que vivir en la calle no sea la causa de ninguna muerte necesitamos que todo el mundo tenga un hogar. En Barcelona, unas 1.200 personas viven en la calle y están expuestas a muchos riesgos: al frío, al calor, a violencia y agresiones, a la soledad y a la pérdida de su entorno de apoyo.

Estas defunciones deberían hacernos reaccionar. A la ciudadanía, para dejar de ver como una molestia a las personas que viven en la calle y cambiar la mirada. Y a las administraciones, para empezar a contabilizar en las estadísticas públicas estas muertes indecentes y silenciadas, para mirar más allá del termómetro y para priorizar la vivienda asequible para todos.

Necesitamos decisiones políticas que piensen en las personas, más recursos específicos y más inversión en prevención para que nadie tenga que perder su casa y evitar muertes prematuras. Mohamed, que vivió más de 25 años en la calle y que hoy también recordamos, nos lo decía a menudo: “No dejéis de ser revolucionarios”.

 

¿Cómo podéis participar?

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