Vivir en la calle implica una exposición continuada a situaciones de violencia, pérdida, intimidación y discriminación. La victimización forma parte de manera casi indefectible de las trayectorias de las personas que viven en la calle en Barcelona. En 2025, el 83,3 % de las personas entrevistadas afirmó haber sufrido algún delito, agresión o discriminación desde que vive en la calle. Este dato se desprende del informe Victimización y aporofobia hacia las personas que viven en la calle en Barcelona.
No toda victimización es necesariamente aporófoba. Existe una diferencia entre ambos conceptos: la primera tiene que ver con la exposición que comporta vivir en la calle y la vulnerabilidad asociada a esta situación; la segunda se refiere al hecho de que exista una motivación relacionada con el rechazo o desprecio hacia la pobreza. Esta distinción es fundamental para evitar identificar automáticamente cualquier robo o agresión como aporófoba y, al mismo tiempo, permite dar valor analítico a indicadores como la verbalización explícita del motivo, los insultos relacionados con el sinhogarismo o la percepción de la víctima. Es decir: no es lo mismo victimización que aporofobia.
Según el informe Victimización y aporofobia hacia las personas que viven en la calle en Barcelona, basado en las respuestas de la Encuesta a personas que viven en la calle de los años 2023 y 2025 (con 685 personas encuestadas en 2023 y 670 en 2025), los robos de dinero, pertenencias o documentación constituyen el tipo de delito más frecuente que sufren las personas que viven en la calle (80 %). Pero las experiencias relatadas van mucho más allá de la pérdida material. Seis de cada diez personas (61,6 %) declaran haber sufrido insultos, humillaciones o amenazas y casi la mitad (48,4 %), agresiones físicas. Además, aproximadamente una tercera parte de las personas encuestadas ha sufrido discriminación o agresiones en el espacio público o ha visto restringido el acceso a establecimientos. Estos datos muestran que el impacto de la victimización afecta tanto a la seguridad física como a la dignidad, la movilidad y el ejercicio cotidiano de derechos.

Por otro lado, una de las conclusiones más relevantes del estudio es que una de cada cuatro personas (24,7 %) identifica una motivación aporófoba explícita en las agresiones sufridas. La presencia de este indicador aumenta respecto a 2023 (18,1 %) y muestra que una parte de la violencia no puede explicarse únicamente por la exposición o la vulnerabilidad asociada a dormir en la calle. Los testimonios directos, las verbalizaciones de los agresores y los insultos relacionados con la condición de persona sin hogar constituyen indicios particularmente relevantes para identificar una posible motivación discriminatoria.

Ante ese 24,7 % de personas que identifican una motivación aporófoba en las agresiones sufridas, en el período 2018-2022 (Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, 2023), “la aporofobia continúa representando una proporción muy pequeña de las motivaciones identificadas en las resoluciones judiciales analizadas: 0,6 %, frente al 22,7 % por orientación o identidad sexual, el 18,8 % por origen racial o étnico y el 15,3 % por ideología.
Las mujeres que viven en la calle sufren más victimizaciones
La victimización afecta a las personas de diversas maneras. Los datos muestran una dimensión de género muy marcada: las mujeres presentan porcentajes más elevados en prácticamente todas las formas de victimización y, especialmente, en agresiones sexuales, coacciones, agresiones físicas y discriminación en espacios públicos y privados. El 41,4 % de las mujeres declara haber sufrido agresiones sexuales, frente al 4,6 % de los hombres. Este resultado obliga a incorporar una perspectiva específica de género en las políticas de prevención, protección y denuncia.
La edad también modifica las formas de victimización. Las personas más jóvenes continúan presentando niveles muy elevados de robos, mientras que las franjas intermedias concentran más agresiones, coacciones y discriminaciones. Entre las personas de 55 años o más disminuyen las agresiones físicas y otras formas de violencia directa, pero continúan siendo muy frecuentes los robos de dinero, pertenencias y documentación. Por tanto, la edad no determina una evolución lineal de la victimización, sino que modifica el tipo de riesgos a los que las personas están expuestas.
Agresiones que no se denuncian
La infradenuncia constituye otra de las principales conclusiones del estudio. Aproximadamente dos de cada tres victimizaciones no llegan a denunciarse y el principal motivo es la convicción de que denunciar “no sirve de nada”. Esto muestra que el problema no es solo la necesidad de que existan canales formales de denuncia, sino la confianza en su utilidad y en la respuesta posterior de las instituciones.

Las barreras para denunciar, además, son diferentes según los grupos: entre las mujeres destaca especialmente la desconfianza en la policía y la justicia; entre las personas jóvenes aparecen más dificultades para saber cómo denunciar; y entre las personas mayores de 55 años predomina claramente la percepción de inutilidad de la denuncia.

La infradenuncia tiene una consecuencia importante: la victimización aporófoba real podría ser mucho mayor que la que reflejan los registros policiales y judiciales. La aporofobia aparece de manera muy minoritaria en las estadísticas oficiales, pero estas solo recogen los hechos que se denuncian. Por ello, la baja presencia de esta motivación en las estadísticas oficiales no puede interpretarse como una baja prevalencia del fenómeno.
La infradenuncia no es solo ausencia de denuncia; también es un indicador de la distancia entre las personas que viven en la calle y las instituciones encargadas de protegerlas. Así pues, la victimización cobra fuerza porque, si las personas asumen que denunciar no servirá de nada o no confían en la policía y la justicia, esto puede hacer que no acudan a ningún lugar para denunciar, que no avisen cuando sean agredidas y puede reflejar experiencias previas de desatención, falta de respuesta o trato inadecuado.
¿Qué podemos hacer ante la aporofobia?
- Los resultados evidencian la necesidad de mejorar los instrumentos de detección. Los indicadores generales de delitos de odio constituyen una base útil, pero muchos están construidos sobre patrones más asociados al racismo, el antisemitismo, la homofobia o el extremismo organizado. La aporofobia contra las personas que viven en la calle suele manifestarse de una manera menos ideologizada y más cotidiana: agresiones gratuitas mientras la persona duerme, insultos vinculados a la pobreza, destrucción de pertenencias, humillaciones o expulsiones del espacio. Esto justifica desarrollar indicadores y orientaciones específicas sobre aporofobia para facilitar su detección, registro e investigación.
- Hay que facilitar la denuncia y el acompañamiento a las víctimas. Es necesario crear canales de denuncia más accesibles fuera de la comisaría y garantizar el seguimiento y retorno sobre la evolución de los casos. Además, se debe facilitar que la persona no afronte sola el proceso policial o judicial.
- Reforzar la formación, especialización y aplicación efectiva de la respuesta institucional. Más allá de la existencia de normas que reconocen la aporofobia, es necesario mejorar su aplicación práctica mediante formación especializada a los cuerpos de seguridad, criterios homogéneos de detección e investigación, especialización de los profesionales y una mejor coordinación entre policía, fiscalía, servicios sociales y entidades. El objetivo es reducir la infradetección y la invisibilidad jurídica de estas agresiones.
- Mejorar la recogida de datos y el conocimiento sobre victimización y aporofobia. Los registros policiales, judiciales, sanitarios y sociales deberían incorporar de manera más sistemática la situación de sinhogarismo de la víctima y los indicios de motivación aporófoba. También es necesario impulsar encuestas periódicas de victimización y sistemas de seguimiento que permitan conocer mejor la magnitud, los perfiles y la evolución del fenómeno.
- Desarrollar medidas específicas según género, edad y situación de vulnerabilidad. Se necesitan protocolos específicos para mujeres que viven en la calle, especialmente ante agresiones, coacciones y violencias en espacios públicos y privados; canales e información adaptados para jóvenes; y medidas de protección reforzada para personas mayores o con trayectorias largas de vida en la calle. También es necesario reforzar la protección de pertenencias y documentación mediante consignas seguras y sistemas específicos de custodia.
- Prevenir la aporofobia y la victimización actuando sobre las causas. La sensibilización pública, especialmente en centros educativos y entre jóvenes, es clave para combatir estereotipos, deshumanización y discursos de odio.
- La respuesta a la victimización y la aporofobia no puede limitarse al ámbito penal. La mejor protección frente a la violencia es reducir el tiempo de exposición a la calle. Garantizar una vivienda digna y estable, prevenir que más personas acaben en situación de calle y evitar políticas que desplacen, criminalicen o invisibilicen a las personas sin hogar sin ofrecer alternativas constituyen también políticas de prevención de la victimización. La protección jurídica y policial es imprescindible, pero solo puede ser una parte de una respuesta más amplia basada en derechos.
Más información:
- Aquí puedes descargar el informe (en catalán).
- Entrevista a Eva Hobeich, responsable del equipo jurídico de Arrels, sobre aporofobia.
- Conoce el testimonio de José Luis sobre las agresiones que sufren las personas que viven en la calle.
- Lee la entrevista a Adela Cortina, quien acuñó el concepto de aporofobia.