El equipo de calle de Arrels ha visitado 481 personas que viven al raso en Barcelona desde el inicio de 2016. Su objetivo es acompañar a estas personas, establecer un vínculo de confianza y saber cuáles son sus necesidades. Hemos acompañado dos equipos de calle del distrito de Sants-Montjuïc y del de Sant Martí durante unas horas para conocer mejor su tarea.

Son las 10h y Marisol y Ana Mari se encuentran en la estación de Sants para empezar a recorrer una parte de las calles del distrito de Sants-Montjuïc. Paralelamente, Isabel y Teresa han quedado en la estación de metro de Marina para hacer lo mismo en el distrito de Sant Martí. Las cuatro son voluntarias del equipo de calle de Arrels y, junto con otras parejas, son las encargadas de peinar, una vez por semana, estas zonas de Barcelona. Calzado cómodo, una libreta y un paquete de tabaco es lo que llevan encima.

“El equipo de calle detecta personas que viven al raso y que se encuentran en una situación muy vulnerable y las acompaña para que sientan que tienen alguien a su lado. Poco a poco se establece un vínculo de confianza y, sin prisa, se espera que la persona decida dar un paso adelante “, señala Anna Rodríguez, responsable del equipo de calle de Arrels.

El equipo lo forman 29 personas voluntarias que recorren los distritos de Ciutat Vella, Eixample, Sarrià, Gràcia, Sants-Montjuïc, Sant Andreu y Sant Martí. Cada vez que salen a la calle hacen el seguimiento de las personas que ya conocen pero también detectan nuevos casos y visitan las nuevas localizaciones que llegan a través de la aplicación Arrels Localizador, la web y el teléfono.

“No se trata de intentar transformar sus vidas sino de acompañarlas en su situación”, puntualiza Ana Mari, voluntaria.

Marisol y Ana Mari caminan por las calles cercanas a la estación de Sants. En este distrito se contaron 144 personas durmiendo al raso en el recuento del pasado mes de mayo en Barcelona. Se detienen para saludar a Dominique, es la segunda vez que lo visitan. “¿Cómo estás?”, preguntan. Le explican qué es Arrels y los servicios de duchas, ropero y consigna a los que puede acudir. Él se interesa pero le preocupa el hecho de tener que ir andando con todos los bultos que la acompañan. Le dan una tarjeta de la entidad; “apuntamos nuestro nombre y el suyo, así si visita el centro abierto de Arrels saben de parte de qué equipo viene”, explica Marisol.

La primera vez que se establece contacto con una persona que no se conoce es importante acercarse a ella poco a poco, manteniendo las distancias y pidiendo permiso. “Tienes que ser respetuoso, es como si estuvieras accediendo a su casa, a su intimidad“, explica Isabel, voluntaria del equipo de Sant Martí.

Un poco más allá de la estación de Marina, Teresa e Isabel se detienen a visitar a Manuel, como cada semana. Él es una de las 135 personas que duermen en la calle en el distrito de Sant Martí, según el último recuento. Se alegra de verlas y las saluda dándoles un beso en la mano. Es portugués y cuesta entenderlo pero no para de hablar, parece que le gusta que alguien se tome el tiempo de detenerse a escucharlo; los ojos le sonríen. A Manuel también lo visitan los equipos de calle del Servicio de Inserción Social del Ayuntamiento de Barcelona, ​​que trabajan de forma conjunta con los equipos de calle de Arrels.

“Hay muy buena coordinación con los equipos de calle del Ayuntamiento, siempre están disponibles si hace falta alguna cosa”, explica Teresa, voluntaria.

Los equipos de calle del Ayuntamiento y los de Arrels que trabajan en el mismo distrito se reúnen cada dos meses para intercambiar información y hacer el seguimiento conjunto de las personas que viven en la calle en esa zona. “Se trata de complementar y trabajar codo con codo; ellos acceden a todas las partes de la ciudad”, dice Teresa.

Girando por la calle de Vila y Vilà, Marisol y Ana Mari pasan a visitar a Jesús. Hace 18 años que el equipo de calle de Arrels lo conoce. Es un hombre mayor y a su lado tiene mantas, cartones, latas, botellas y una radio que le hace compañía. Ha estado dos semanas ingresado en el hospital y al salir a vuelto a quedar en la calle. Duerme y pasa el día sentado en el mismo lugar, una vecina cuida de él.

Muchas personas tienen una red de contactos allí donde duermen y crean relación con los vecinos y vecinas; entre ellas se llaman lugares donde ir a recoger comida, recursos a los que acceder… “Si te acostumbras a vivir en la calle, después de tantos años, es muy difícil salir“, reconoce una de las voluntarias. Anna Rodríguez, profesional de la entidad, señala que esta dificultad a la hora de acceder a los recursos se produce por “una falta de confianza, esperanza y autoestima. Muchas personas ya han pasado por diversos servicios y no ven soluciones rápidas ni eficaces a su situación.”

Después de caminar unas tres horas, las cuatro voluntarias han visitado un total de 10 personas que viven al raso. La labor del equipo de calle implica constancia, paciencia, empatía y comprensión. “Es una tarea dura pero muy agradecida, cuando conoces desde hace tiempo una persona se crea una relación bonita y de preocupación del uno hacia el otro”, señala Marisol.

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