“Cuando acabas en la calle no tardas mucho en darte cuenta que los recursos para las personas sin hogar en Barcelona tienen carencias”

Bob Walker i Gemma Gassó, educadors de carrer d'Arrels

Gemma Gassó y Bob Walker son educadores del equipo de calle de Arrels. Recorren Barcelona visitando a las personas que hace más tiempo que viven en la calle y tratan de ganarse su confianza, un paso básico para conseguir mejorar su situación y ofrecerles donde ir. Conocen personas que hace veinte años que están a la intemperie y, ante casos tan extremos, cuando se les pregunta qué hay que hacer, su respuesta es rápida y serena: visitarlos y hacerlos visibles.

Gemma Gassó y Bob Walker han aportado su mirada y experiancia en el informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar y que puedes leer aquí.

Según los datos del censo hay un aumento de personas que dicen que han recibido agresiones, físicas y verbales. ¿Es algo que percibis?
G.G. Estamos muy familiarizados, por desgracia, con que la gente que visitamos en la calle te verbalice que ha sufrido agresiones. Forma parte de una realidad que se nos cuenta; sí se ve muy asociada la violencia con el hecho de vivir en la calle. Va muy ligado.
B.W. Sí, lo tenemos muy presente. Te cuentan ‘me pegaron anoche’, ‘me intentaron robar el saco’… Y no hay un perfil. Mujeres, hombres, hombres mayores… Todos, o muchos, han recibido agresiones.

¿Podríamos decir que, de alguna manera, lo normalizan?
G.G. Y tanto. Hay esta indefensión o interiorización… No tienen un mecanismo de defensa; no se confía en la justicia, en que puedan ir a hacer una denuncia. Algunas sí lo hacen, pero las personas de mayor vulnerabilidad, que hace más años que están en la calle, me parece que tienen muy interiorizadas las agresiones y el desprecio.
B.W. Hay mucha violencia en la calle. Si estás en la calle viviendo, o malviviendo, la violencia forma parte. Está tan normalizado insultar que ni se les ocurre decirlo. Hace mucho que no hablo con nadie que me diga ‘una persona me insultó ‘, y pasa mucho.

Las agresiones y la salud, los principales riesgos

Además de las agresiones, ¿cuáles creéis que son los principales riesgos de vivir en la calle?
G.G. El deterioro de la salud. Creo que va muy ligado. Las cosas más básicas quedan en un segundo plano, y lo primero es sobrevivir. Cosas como el cuidado de la salud, llevar un seguimiento médico, pasa a un segundo plano.
B.W. El tema de la salud en muchos aspectos. Físico, mental … las depresiones. Muchas personas se ven sin futuro, sin esperanza. El otro día hablábamos con una persona que tenía un dolor de cabeza terrible durante días; cualquiera de nosotros va rápido al médico. Y esta persona nos decía: ‘No, bueno, estoy en la calle’.

Uno de los datos que se destaca en el censo es que, a partir de seis meses en la calle, el índice de vulnerabilidad se dispara. ¿Cómo es este deterioro y cómo afecta a la autoestima?
B.W. La autoestima, la salud … Cuanto más tiempo estés en la calle menos posibilidades tienes de salir. No tienes trabajo, no tienes una vivienda estable, no tienes autoestima, no tienes confianza…
G.G. Como que te vas sintiendo cada vez más aparte. La palabra ‘exclusión’ social va cobrando todo su sentido. Cada vez formas menos parte de la sociedad. Rompes más con más recursos. Pasas a, ‘voy a Arrels a ducharme’.

A menudo seis meses de nuestra vida no suponen muchos cambios, pero en la calle puede ser un giro total.
G.G. Cuando acabas en la calle no tardas mucho en darte cuenta de que la red que hay en Barcelona para las personas sin hogar tiene carencias. Quizás has tardado cuatro meses en poder entrar en un albergue, si es que con suerte te has podido mover por llegar. En poco tiempo, ya has visto que con los recursos que hay lo tienes un poco complicado: muévete aquí para ir a ducharte, ves allá para ir al comedor… Está todo muy compartimentado. No hay realmente algo que te diga ‘llevas poco tiempo pero esto revierte rápido’, sino que es ‘de acuerdo, acabas de entrar en el circuito de sin hogar de Barcelona. Bienvenido y a ver cuando sales’. No, no es fácil salir.
B.W. Hay dos cosas. Una, que los primeros meses igual tienes energía todavía y no conoces el circuito, e intentas salir, pero, claro, es tan difícil encontrar una habitación de alquiler, una vivienda digna, igual no estás cobrando, o igual sí estás cobrando… Y dos, una vez pasados ​​los seis meses, la persona ya no lo considera como un estado temporal sino como que es lo que hay.

Aproximadamente un 10% de las personas que viven en la calle están así desde hace más de diez años. ¿Cómo podemos recuperar la dignidad de esta persona o qué es lo que podemos hacer para minimizar los riesgos?
B.W. Para mí, quererla. Si llevan diez años, ya han hablado con todo el mundo de la red de recursos. Ya has pasado por todo y vives en la calle. Hay un nivel de abandono personal tremendo. Es como un clic, hace un clic, y no sabemos por qué, y es como ‘ya está, ya no tengo esperanza de nada’.
G.G. Y ya abandona incluso esta poca red que hay y pasa a no formar parte.
B.W. Exacto. Y ¿qué podemos hacer? Si no conseguimos entrar como persona… Estamos aquí, y eres una persona, y te apreciamos, y venimos a saludarte.
G.G. Es estar, que la persona lo sepa.
B.W. Los primeros seis meses evidentemente es cuando toca prevención. La clave es no perder documentación, citas médicas… Pero encontramos que no tienen documentación. A veces preguntamos cosas que son importantes para nosotros, y para ellos, evidentemente, no son importantes. No es importante el tema de la salud ni el tema de la documentación.

Habéis notado si los casos más cronificados son de origen estatal o extranjeros? Según el censo, los de aquí serían el doble.
G.G. Atendemos bastantes casos prioritarios de origen español y, evidentemente, también hay otros que no. Hay un estudio que viene a decir que podría parecer que los de origen estatal lo tienen más fácil porque tienen DNI o un acceso a la sanidad, pero entonces, ¿por qué están peor? Este estudio dice que las personas de fuera quizás son sin hogar a causa del proceso migratorio. Pueden estar un tiempo en la calle, pero con el objetivo claro de moverse para conseguir trabajo o por otros motivos. En cambio, si acabas en la calle, siendo de aquí y, por tanto, supuestamente, teniendo unas redes sociales o familiares, o más ayudas por tener documentación, una vez caes, has tocado más fondo y entonces cuesta más salir.

Más prevención para evitar nuevos casos y más recursos para las personas con una vulnerabilidad media

¿El hecho de tener la documentación básica es también un paso para mejorar?
B.W. Sí. Igual estamos hablando de dos grupitos. Quizás hay quienes tienen tarjeta sanitaria y padrón porque llevan menos tiempo en la calle. Y los que lo pierden todo y empiezan a ser muy vulnerables, y empiezan a tramitarlo a raíz de una asociación como la nuestra. Hay mucha gente a la que tanto les da tenerla o no, y si no fuera por nosotros no habrían tramitado nada.
G.G. Esto ya es un paso muy importante. Que no se muestren desconfiados en querernos decir nombre, apellido, algún número que necesitan para hacer trámites.

¿Conocéis otras experiencias fuera de Barcelona? ¿Hay algunas ciudades con casos de éxito?
B.W. Destacaría un proyecto que tienen en Londres. Se llama ‘No second night out’ y trabajan la prevención. Tienen grupos de detección, de equipo de calle, muy potentes, y reciben avisos de la ciudadanía. Avisan ‘en tal lugar hay una persona’. Tienen espacios para que no pasen otra noche en la calle y un plan de trabajo para que la persona no vuelva a estar en la calle.
Hay otro proyecto, en la ciudad de Newcastle, que también aborda la prevención. Lo que hacen, desde el Ayuntamiento, es detectar qué familias y personas están teniendo problemas para pagar el alquiler o la hipoteca. Estamos hablando más de pisos de alquiler. Van directamente a hablar con la familia. Personalmente. Informan que tienen una serie de ayudas, y que igual no lo saben. Es espectacular el éxito que tiene. Recuerdo una madre soltera con cinco hijos, uno con una discapacidad muy grande, y no sabía a qué prestaciones podía optar. Le consiguieron 27.000 libras al año. Es clave. Porque en pocos meses la hubieran echado y tendríamos una madre con cinco niños en la calle.

Aproximadamente, hay más de un 60% de personas con vulnerabilidad media. ¿Se debería incidir más para que no se cronifiquen? ¿Cómo se podría hacer?
G.G. Ojalá hubiera más prevención, pero hay este vacío de atención a personas con vulnerabilidad media. Sería ideal que estas situaciones intermedias se tratasen. Es una franja preocupante que se debería trabajar. En Arrels atendemos a los que están peor porque estamos hablando de gente que ni llega a los servicios de la red de atención y son muy crónicos.

¿Qué es lo que más piden las personas que visitáis?
B.W. Una revista… Hay una persona que solo pide eso. Nada más. Tenía unas llagas, con sangre, con moscas. Le preguntas ‘¿estás bien?’ y te dice ‘me encuentro súper bien. ¿Me puedes traer una revista?’. Es un ejemplo que creo que demuestra mucho qué significa perfil prioritario, invisible. El otro día llovió muchísimo y estaba bajo la lluvia. Pasamos y le preguntamos. ‘¿Estás bien? Estás mojadísimo’. ‘No, esto no es nada’. Es este nivel de abandono continuo de este hombre. Lleva unos veinte años en la calle.
G.G. Las personas con un nivel de vulnerabilidad media, a veces sí piden un piso, y sí podemos mirar alguna habitación. También piden a veces ayuda para encontrar trabajo o una tarjeta de metro porque los recursos están lejos unos de otros.
B.W. Creo que esto no se tiene en cuenta, a veces, la dificultad que tienen para empezar a moverse. Están muy mal, igual llevan cuatro o cinco años en la calle, piden una ayuda y esta ayuda no se les puede dar. Hay un gran vacío del sistema.
G.G. Yo creo que esto ocurre porque no es un tema de agenda prioritario y que interese. El ejemplo que suele ponerse es Finlandia, donde sí lo entienden como un tema prioritario y han bajado muchísimo el número de personas que viven en la calle.

¿Y cómo creéis que perciben cómo los mira el resto de la sociedad?
G.G. Explicaré un ejemplo. Gente que dormía en el paseo Picasso entendía perfectamente que no podían dormir bajo los porches. Decían: ‘Ya lo entendemos, es que no causamos buen efecto. Por aquí pasan muchos niños, muchos colegios, y no causamos buen efecto’.
B.W. Es muy duro esto.
G.G. ‘No formo parte de aquí, por lo tanto, entiendo que me echen’.
B.W. Sí, aceptar este tipo de…
G.G. Este tipo de ordenanza no cívica que hay en Barcelona.
B.B. Exacto, vulneración de derechos. En plan, ‘bueno, ya está, es normal’.
G.G. ‘Es normal que me digan que tengo que sentarme y hasta las 11 de la noche no me puedo estirar’. Esto nos lo dice un hombre que tiene casi 70 años, con una situación de vulnerabilidad alta y que ha llegado a creer que no es nadie.

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